21.9.11

El derecho a florecer

Me encanta ver como florecen los lapachos. Despues de desnudar sus ramas durante el invierno, explotan en una sinfonía de rosados pétalos.

De pronto me dí cuenta de la metáfora política: la participación y la diversidad política pugna por florecer. Los capullos de proyectos e intenciones de gobierno se marcan en las ramas.


Sin embargo me pregunto: ¿Porqué el gobierno local postergó tanto el inicio de obras necesarias y urgentes? ¿Porqué la soberbia nos lleva a pensar que somos el ombligo del mundo a la espera que las autoridades provinciales o nacionales vengan por una convocatoria impersonal? Desde una anémica gestión se pretende que la provincia haga lo que nos parece, sin que estemos dispuestos a golpear las puertas, a insistir con las demandas y reclamar los derechos de todos y todas.

¿Estamos tan convencidos de la equidad que nos mostramos dispuestos a esforzarnos para dedender los derechos, aunque sean los derechos ajenos? ¿Puede nuestra soberbia y miopía distinguir a los vecinos entre los "propios y los de afuera"? Una gestión a favor del pueblo implica un alto grado de exposición personal y una mirada universal. Los proyectos posibles son aquellos que no discriminan meritos.

Es que ante semejante visión, probablemente nos quedemos esperando sentados, viendo pasar el futuro y las oportunidades, culpando a los demás de nuestra pobre gestión o, pero aún amenazando con días tristes.

 No importa donde estemos plantados, la primavera es universal y nos recuerda el derecho y el deber de florecer, sin distinción de edad, sexo, credo o pensamiento.




Desde lo político anhelo concretar una continua primavera, es decir, que broten las ideas, que fructifiquen los derechos, que se concreten los sueños, que se asegure la equidad y la solidaridad.

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