23.8.11

Lo necesario


La realidad no está simplemente allí, debe ser investigada y conquistada. Paul Celan

Gottfried Leibniz (1646-1716) definió a la política como “el arte de lo posible”. Nada más evidente en época de elecciones donde hay quienes parecieran compartir la opinión de Thomas S. Elliot que los humanos no pueden soportar mucha realidad.

Mantener el oído atento y la visión aguda permite, desde la crítica fundamentada, establecer un análisis de realidad que resulta aleccionador. Por un lado debemos analizar los diferentes discursos y pronósticos previos a las elecciones primarias y su evolución a medida que surgían los resultados parciales y definitivos. 
Otra vertiente consiste en revisar concienzudamente las propuestas políticas y las plataformas de gobierno que tienen mucho de estrategias proselitistas más que de intenciones concretas.

Eva Perón dijo públicamente Allí donde hay una necesidad nace un derecho. Y éste es el fundamento último de todo realismo político, la vinculación de lo posible a lo necesario. Este pensamiento separa el idealismo político y lo encara con la responsabilidad de realizar aquello que es necesario. Charles Maurras (1868-1952), 250 años después de Leibniz revisó críticamente su definición de política, re definiéndola como “el arte de hacer posible lo necesario”. Para Maurras la política es una ciencia estructuradora de la sociedad.

Eduardo Galeano escribió: “Son cosas chiquitas. No acaban con la pobreza, no nos sacan del subdesarrollo, no socializan los medios de producción y de cambio, no expropian las cuevas de Alí Babá. Pero quizá desencadenen la alegría de hacer, y la traduzcan en actos. Y al fin y al cabo, actuar sobre la realidad y cambiarla, aunque sea un poquito, es la única manera de probar que la realidad es transformable.”

Usted se preguntará si es atinada esta reflexión en momentos en que las utopías e idealismos políticos se plasman en propuestas descuidadas que inundan los medios, con cierta ilusión de amnesia colectiva a la hora de gobernar.
Permítame contestar con un ejemplo. El reclamo popular de una ambulancia para Libertador fue concretado pocos días antes de las internas vecinalistas. La donación del Gobierno Provincial fue festejada con luces, bocinas y sirenas. Las autoridades aseguraban que al fin el pueblo podría respirar tranquilo, estaba la ambulancia y se terminaban los problemas. Nada más equivocado. El plan del gobierno municipal para asistir a las emergencias se diseñó sobre criterios económicos y no sobre una estrategia sanitaria. Desde la ausencia de equipo básico para realizar una atención adecuada hasta la falta de personal idóneo y legalmente habilitado, la lista de deficiencias pone en riesgo la vida de las personas socorridas, como así también la seguridad física y jurídica del personal a cargo.

Cuando analizamos las proyecciones políticas de las propuestas de gobierno debemos ser muy cautos en distinguir la legitimidad social de las promesas. El realismo político busca dar satisfacción a aquello que se necesita a partir de nuestras necesidades y de la necesidades de los otros.
Es evidente que habrá cambios en la conducción del municipio. Como ciudadano estoy preocupado por fiscalizar esta transición y participar de la misma, descubriendo dentro de lo necesario aquello que es  imperiosamente urgente.

El realista político según Alessandro Campi "no es conservador ni reaccionario, no defiende el status quo y mucho menos añora el pasado. El verdadero realista utiliza la historia no sólo para comprender mejor el pasado sino también, y sobre todo, para representarse mejor el futuro y posee la conciencia de que nada es eterno en política".

16.8.11

De muros y fronteras


Un mes y medio antes de que yo naciera se inauguraba el muro de Berlín que separó por casi treinta años una nación, sus habitantes, y las ideas. Separó a la República Federal Alemana de la República Democrática Alemana (RDA) desde el 13 de agosto de 1961 hasta el 9 de noviembre de 1989.

El muro se extendía a lo largo de 45 kilómetros que dividían la ciudad de Berlín en dos y 115 kilómetros que separaban a la parte occidental de la ciudad del territorio de la RDA. Fue uno de los símbolos más conocidos de la Guerra Fría. El bloque oriental dominado por los Soviéticos oficialmente sostenía que el muro fue levantado para proteger a su población de elementos fascistas que conspiraban para quebrantar "la voluntad popular" de construir un estado socialista en Alemania del Este. No obstante, en la práctica, el muro sirvió para prevenir la emigración masiva que marcó a Alemania del Este y al bloque comunista durante el período posterior a la II Guerra Mundial.

El “muro de la vergüenza” fue el modelo de estructuras de separación violenta vigentes en la actualidad como la barrera israelí de Cisjordania, el “Muro de la Tortilla” entre EEUU y México, el cerco electrificado entre Pakistán y la India, la zona desmilitarizada entre las dos Coreas o la línea verde en Chipre, entre otros.

A corto plazo, un muro cumple la función de resguardar y proteger; pero a la larga no garantiza protección efectiva. El muro mismo debe ser vigilado. De hecho, protege menos de lo que separa. Más allá de la seguridad y protección, el objetivo es la separación de los vecinos más próximos.

A lo largo de la historia aparecieron grupos de trasnochados autodidactas pretendiendo hablar en nombre de la humanidad, evitando la difusión y práctica de las ideas de libertad que constituyen la esencia del hombre. Frecuentemente justificando sus atrocidades con torcidas interpretaciones de la voluntad divina. Imponiendo sus ideas mediante el aislamiento, la discriminación y las murallas: sean estas del más duro concreto o constituidas por la persistente aniquilación de la autonomía de las personas.

Desde mi punto de vista hay muros que se construyen con palabras, con historias recurrentes y memorias intolerantes. He palpado barreras infranqueables que separan a nuestra comunidad, las cuales se remontan a un origen tan dudoso como la expresión misma de su razón de ser.

La integración de cada ser humano que conforma una sociedad se establece tendiendo puentes, nunca construyendo barreras. Dedicar unos minutos a escuchar al otro para comprender sus historias de vida, sus anhelos y frustraciones, alegrías y dolores, preocupaciones, perplejidades y esperanzas, dignifica a las personas. Enfatizando lo que nos une se afianzan los lazos de solidaridad, acrecentados por la riqueza cultural que conforman las diferencias.

Desde la ética y moral cristiana que nos convoca, propiciar alguna forma de discriminación o exclusión conforma la negación misma de la fe. Construir muros para eludir la responsabilidad de considerar las ideas de los demás, su religión, clase social o económica, afición deportiva o pensamiento político, demuestra un profundo desarraigo de aquello que nos hace humanos.

Los que construyeron el muro de Berlín para defender al bloque comunista no sospecharon que la destrucción del mismo sería el comienzo de la desintegración de la Unión Soviética, cuna y sustento de esas ideas. Algo que los forjadores de muros deberían considerar.