Bajo la regla de los hombres enteramente grandes, la pluma es más poderosa que la espada. Edward Bulwer-Lytton, 1839
El 13 de Junio se festeja en Argentina el día del escritor la fecha en que nació Leopoldo Lugones. El fue poeta, ensayista, periodista, político, fundador y primer presidente de la Sociedad Argentina de escritores en 1928.
Dicen que escribir es una tarea mental. Según Marisa Avogadro escribir es una tarea del corazón y los escritores escriben porque el corazón siente, siente pasión, aromas, colores, sabores y las manos sienten la necesidad de expresarlo y dibujarlo a través de las palabras. Unas tras otras, formando castillos, guerreros de otros tiempos, animales. Hadas, duendes y nomeolvides. Amantes, besos, caricias, amor, seducción.
Escribir tiene más de inspiración que de técnica. Es decir, la calidad de escritura necesita de la técnica y del tiempo, pero, probablemente sea la lectura la musa inspiradora que subyace tras los grandes escritores. Horas de recorrer las páginas, bitácoras de vida, pasadizos en el tiempo, trampolines al futuro o simples ventanas o miradores de realidades concretas o abstractas. Cada palabra organiza un pensamiento, motiva una imagen, despierta sensaciones y dibuja una idea.
Tuve muchos libros en mi infancia y adolescencia (y la bendición de no tener TV). Con verdadero esfuerzo mis padres optaron por la enciclopedia Salvat en vez de cambiar el auto, por el Anteojito o Billiken a la vuelta de los viajes y la colección de novelas juveniles de autores clásicos. También tuve profesores que despertaron la curiosidad, abriendo el camino al placer de la lectura.
Entre aquellos libros llegó a mis manos uno cuyo título era una pregunta: ¿Tiene Dios algo para mí? Su autora es Ester Fayard. Fui criado en un hogar religioso. En esos años empezaban mis inquietudes espirituales autónomas, los pensamientos existenciales y los enigmas de la vida. Había intentado otras lecturas de literatura religiosa, pero confieso que me resultaban bastante tediosas, pesadas. El lenguaje era tan aparatoso que pasaba más tiempo en el diccionario que en la lectura original. Cuando este libro llegó a mis manos, cambió la historia. Con un lenguaje ágil y cercano supe los principios éticos y religiosos que marcarían mi vida.
En ese momento sabía muy poco de esta escritora vecina de Libertador. Cuando la conocí personalmente era tal como la había imaginado: simple, sutil, dulce, reflexiva. Hace unos días tuve la emoción de escucharla en un taller de escritura. Con la ternura de una suave manta en invierno y la humildad de una salamandra a leña, nos inspiró con sus cálidas palabras. Los años en la piel y en las canas no podían ocultar el brillo de sus ojos mientras revelaba el secreto de su creatividad y frescura. Al encontrarse con la soledad impuesta por las trayectorias de la vida, cuando muchos bajan los brazos, sigue sirviendo. Su imagen vino a mi mente el día del escritor.
Por haber dedicado gran parte de sus escritos a los niños y por irradiar luz a su alrededor, vaya este homenaje en los versos de “El amor eterno” de Lugones:
Deja caer las rosas y los días
Una vez más, segura de mi huerto.
Aún hay rosas en él, y ellas, por cierto,
Mejor perfuman cuando son tardías.
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No temas al otoño, si ha venido.
Aunque caiga la flor, queda la rama.
La rama queda para hacer el nido.