11.10.11

Dieta mental


El primero de octubre se celebra, entre otras cosas, el día mundial del vegetarianismo recordando una dieta que trascendió el alimento y se constituyó en un estilo de vida.

Mientras buscaba información al respecto apareció un escrito atribuido a Andrew Oitke preguntándose cómo puede ser que “cualquier padre responsable sabe que sus hijos se enfermarían si comieran solamente dulces y chocolates” y no entiende que ese mismo padre no haga nada por evitar esta nueva anomalía digestiva, referida a la basura que millones de consumidores incorporan a través de las tecnologías de la información y comunicación.

Según este autor, el alimento cotidiano pareciera constituirse casi exclusivamente de cadáveres de reputaciones, de detritos, de escándalos, de los restos mortales de las realizaciones humanas. Los medios, el periodismo en especial -dice- “dejó hace mucho de informar, para sólo seducir, agredir y manipular”. Nada más evidente ante la escandalosa puesta en escena del grotesco, los antivalores y la desinformación deliberada que producen una mezcla de desilusión y repugnancia.

La desilusión surge de ver que una herramienta tan valiosa termine al servicio de la estupidez con fines netamente comerciales. Usurpar la mente y lucrar con el tiempo en que se la tiene embrutecida.  Esta deplorable situación de puro y descarnado “materialismo” a la que hemos llegado, coincide con la certera definición de Augusto Comte: “la doctrina que explica lo superior por lo inferior”. Esto no es otra cosa más que la decadencia, lo que Luis Felipe Noé denomina “la institucionalización del desparpajo”, la entronización de la grosería.

La repugnancia se genera desde el sentido común. Pero no solo por las imágenes, sino por la perversión y la subversión de la realidad que es sustituida por imágenes que parecen comunes a todos, populares, ofrecidas a manera de certezas que se consumen sin sentido crítico, ni valoración. A tal punto que los noticieros las consideran noticia.

Luis Illuminati escribió al respecto que los medios transmiten un mensaje de liviandad: “tomarle el pelo a todo el mundo, a reírse de todo, hasta de lo más sagrado que puede haber en la vida. Pero lo que más daño hace a las mentes de los argentinos es que han instalado el conflicto, el enfrentamiento, la deslealtad, la burla sangrienta, la vanidad y la autoexaltación.” Continúa escribiendo: “Este circo está totalmente armado de antemano. Para lograr fama y rating, todos estos charlatanes de feria, deformadores, pervertidos y desorientados, inventan líos entre ellos para que el confundido televidente se lo trague y engulla toda esta porquería que es el alimento deletéreo que ha producido esta “obesidad mental” en detrimento del buen gusto, las buenas costumbres, del sentimiento del deber, en una palabra en detrimento del alma que aspira y tiende siempre a lo superior, nunca a lo inferior, a lo abyecto que muestra la televisión argentina.”
Esta confusión se genera con sentido político. Echar a rodar la mentira y luego pedir disculpas no evita el daño.

Creo que hoy, en tiempos en que las ideas parecen venir enlatadas, debemos ser muy cuidadosos ante las opciones de nuestra dieta mental, de la calidad de los alimentos del menú intelectual que, en forma de imágenes o palabras, formarán parte constitutiva de nuestro pensamiento y actitudes.

El hombre moderno está adiposo en el raciocinio, gustos y sentimientos y precisa sobre todo de dieta saludable que fortalezca los valores,  y del ejercicio del pensamiento crítico fundamentado en información veraz.

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